“No es el turismo lo que estropea un lugar. Es olvidar que alguien vive, cuida o respira allí.”
En la fotografía, los bambús se inclinan unos hacia otros hasta cerrar un techo verde. La luz se cuela por arriba y el sendero queda abajo, pequeño, como si uno pudiera entrar en silencio y salir pensando un poco mejor.
Eso es parte de lo que se busca en Arashiyama, al oeste de Japón, dentro de Kioto. El viento al atravesar los bambús produce un murmullo particular. Los bosques de bambú de Kioto forman parte de los 100 paisajes sonoros seleccionados por el Ministerio de Medio Ambiente japonés.
El problema es que, a ciertas horas, el viento compite con otra música: grupos, cámaras, conversaciones, prisas. Un lugar bonito atrae gente, y viajar es precisamente ir a ver cosas que merecen ser vistas.
¿Cuándo deja de ser visita y empieza el daño?
La masificación no consiste solo en que haya mucha gente. El problema empieza cuando quienes llegan alteran el espacio y dejan que otros paguen el precio.
En Arashiyama se han encontrado inscripciones talladas en los bambús. No son simples garabatos en una pared: dañan plantas vivas y degradan el paisaje. Las autoridades han tenido que cortar ejemplares afectados y reforzar las medidas para alejarlos de las manos que llegan con una llave, una navaja o una idea muy pobre de lo que significa dejar recuerdo.
Ir a un lugar famoso no lo destruye. Tratarlo como un decorado disponible para nosotros, sí.
Viajar sin escupir en la sopa
Nosotros hacemos viajar gente, así que no vamos a escupir en la sopa. Arashiyama merece una visita, aunque no se parezca a la foto perfecta de Instagram. Si vas, acepta que habrá personas. El bosque no te debe intimidad.
Pero también hay formas de estar. Ir temprano o volver después de las tres o cuatro de la tarde suele dar otro ritmo al paseo. En otoño, Arashiyama Tsukitouro ilumina el bosque al anochecer y propone una experiencia distinta, más pausada.
Y si buscas bambú con menos ruido, el Parque de Bambú de Rakusai, en el distrito de Nishikyo, reúne unas 110 variedades. No tiene la fama de Arashiyama, y quizá por eso permite mirar mejor.
Turismo, sí. Pero con educación, sin dejar marcas y pensando que el mínimo impacto posible es la condición para que el siguiente pueda escuchar el viento.

