Buda dorado y monjes en el monte Phousi

“Mi Buda favorito no es el más grande. Es el que nunca está solo.”

En la subida al monte Phousi, una estatua de Buda dorada esta rodeada de monjes de piedra. Están arrodillados, con las manos unidas. No sabemos si escuchan, rezan o piden algo. Pero la escena parece estar ocurriendo.

Eso es lo que la hace distinta. En rl mundo hay miles de Budas sentados, tumbados, de pie, gigantescos, de esmeralda o cubiertos de oro. Todos impresionan. Este, en cambio, tiene tamaño humano y está acompañado. No necesita dominar el espacio para tener presencia.

El monte Phousi se levanta en el centro histórico de Laos, en Luang Prabang. Es una colina sagrada, llena de pequeños altares y caminos que llevan hasta Wat Chom Si, en la cima. Desde arriba se ven el Mekong, el río Nam Khan y los tejados de la ciudad.

Cuando una estatua parece tener compañía

Las figuras de monjes no son espectadores. Son la historia. Sin ellas, veríamos una estatua dorada en una cueva. Con ellas, aparece una escena: alguien enseña, otros escuchan, el tiempo se detiene un momento.

Quizá por eso esta imagen tiene más fuerza que muchas fotografías perfectas. No depende de un tamaño descomunal ni de un fondo espectacular. Tiene un antes y un después imaginado. Uno puede preguntarse qué han venido a buscar esos monjes, qué les está diciendo el Buda o cuánto tiempo llevan ahí.

La foto que merece quedarse

Vivimos rodeados de imágenes que apenas miramos. Selfies, monumentos enormes, paisajes que ya hemos visto mil veces antes de llegar. Pero las mejores fotos no siempre son las más grandes ni las más brillantes. Son las que cuentan algo.

Esta no necesita explicar mucho. Un Buda rodeado de monjes, escondido entre rocas y raíces, ya tiene una pequeña historia dentro. Y eso basta para que sea mi Buda favorito.