La piscina de Jetwing Lake, junto a Dambulla

“Volví de Sri Lanka con recuerdos de elefantes, especias y templos. Pero también con el recuerdo de un hotel.”

La fotografía muestra una piscina larguísima frente a un lago, árboles y montañas. Todo está iluminado por un sol limpio. Pero mi recuerdo de Jetwing Lake empieza de otra manera: con lluvia, oscuridad y un olor a jazmín flotando en la recepción.

El día había empezado muy bien. Hicimos un safari en Minneriya y vimos decenas de elefantes salvajes de muy cerca. Minneriya es conocido precisamente por las grandes concentraciones estacionales de elefantes asiáticos que se reúnen junto al embalse.

Luego el cielo se cerró. Llegamos al hotel justo cuando empezó a caer un diluvio. La recepción, abierta hacia el exterior, sin ventanas ni puertas. Pero con una temperatura tropical ideal a pesar de la lluvia. Todo estaba casi a oscuras. Había luces colocadas con mucha inteligencia, el ruido de la lluvia y ese aroma a jazmín. Durante el check-in no veía gran cosa, pero el lugar ya me había ganado.

La belleza de no verlo todo

A veces la belleza no consiste en verlo todo perfectamente. Consiste en adivinar. En dejar que una luz tenue, una tormenta o un olor hagan parte del trabajo.

Jetwing Lake está cerca de Dambulla, en pleno Triángulo Cultural de Sri Lanka. Al día siguiente salió el sol y el contraste fue enorme: apareció una piscina de 71 metros, el lago al fondo y el paisaje que la noche anterior solo se intuía.

El hotel sigue jugando con esa mezcla de arquitectura abierta, sombra y vistas largas. De día parece amplio y luminoso. De noche, más íntimo. Son dos lugares distintos en el mismo lugar.

El recuerdo menos esperado

Me da un poco de vergüenza reconocerlo. Sri Lanka es un viaje lleno de fauna, cultura, comida picante, templos, plantaciones y momentos muy intensos. Funciona en pareja, en familia o con amigos. Tiene demasiadas cosas para recordar.

Y, sin embargo, uno de mis recuerdos más nítidos es aquella llegada bajo la lluvia al Jetwing Lake. No es que el hotel compita con los elefantes de Minneriya. Es que, a veces, un viaje se queda dentro por una atmósfera, no por una lista de visitas.

En total transparencia, o quizá en aquella agradable oscuridad, fue uno de los mejores recuerdos que me traje de Sri Lanka.