“Con dos noches en Singapur me bastó. Y me alegro de haberlas tenido.”
De noche, Marina Bay parece una maqueta que alguien hubiera iluminado demasiado bien. El hotel Marina Bay Sands sostiene su barco en lo alto, el museo ArtScience abre sus pétalos frente al agua y los rascacielos se reflejan en la bahía sin pedir permiso.
Singapur tiene esa estética futurista porque también es una ciudad que siempre ha vivido mirando al mar. Antes de ser un gran centro financiero, fue un puerto comercial en una posición privilegiada entre las rutas de Asia. Allí donde se mueven barcos, mercancías y dinero, aparecen contratos, crédito, seguros y oficinas. No es casualidad que las grandes plazas financieras tengan a menudo una historia portuaria detrás. (La City, Nueva York etc…)
Hoy, Marina Bay es el escaparate de ese recorrido: una bahía ganada al mar, un distrito de negocios y una colección de edificios que parecen competir por llamar la atención.
Una ciudad que se entiende mejor en dos ritmos
Singapur es un hub excelente para entrar o salir de Asia. Changi conecta la ciudad con Europa y con buena parte del continente, así que añadir dos noches al viaje es muy fácil. Da tiempo para ver Marina Bay, caminar junto al agua y entender por qué esta pequeña ciudad se ha convertido en uno de los grandes centros financieros del Sudeste Asiático.
Pero conviene cambiar de escenario. Chinatown tiene otro pulso: calles llenas de restaurantes, puestos, tiendas y gente que viene a comer, comprar o simplemente pasar la tarde. No es una ciudad distinta, pero sí una forma distinta de estar en Singapur.
Verlo una vez basta
A mí Singapur me pareció una visita que merece la pena. Marina Bay impresiona.
Si quieres ver el atardecer desde el SkyPark del Marina Bay Sands, reserva con antelación. Yo no lo hice. ¿Tendré que volver? No tener respuesta, en si, es una respuesta.

