
¿Viajas para descansar o para vivir lo que nunca harías en casa?
Una mujer descalza, con un pareo rojo anudado a la cintura, coloca toallas enrolladas sobre dos colchones blancos.
Las cortinas de algodón tamizan la luz, la madera del suelo brilla y en una bandeja esperan unos pequeños frascos.
Todo en la imagen invita a cerrar los ojos.
Desconfía.
Siem Reap, la ciudad a la sombra de Angkor
Puede que Siem Reap no te diga nada.
Si te digo Angkor, la imagen aparece sola. Siem Reap es la ciudad de Camboya pegada al inmenso recinto arqueológico, donde duerme todo el que viene a pasar un par de noches para recorrer Angkor Wat y los templos vecinos.
Además de base logística, tiene mercados con vida propia y tiendas de artesanía de calidad que hay que saber buscar entre puestos de imitaciones.
En el antiguo barrio colonial, junto al río, una puerta de madera da paso al Angkor Village Hotel.
Uno de los hoteles mas bonito en el cual he estado, pero tambien el escenario de recuerdo doloroso.

Dentro, casas de madera de inspiración jemer se reparten entre estanques de lotos y una vegetación que con los años se ha convertido en selva, en pleno centro de la ciudad.

La recepción, en penumbra, invita al descanso y la relajación. Si no os alojais en este hotel os recomiendo recomiendo venir a tomar algo para un descanso en medio de la visita de la ciudad.
Su spa propone el masaje tradicional jemer.
Se hace sin aceite, con pulgares, manos, antebrazos, rodillas y pies, presionando puntos y estirando los músculos, con especial atención a la espalda y las piernas.
Curiosamente, muchas descripciones lo presentan como más suave que el masaje tailandés. Guarda ese dato.
¿Qué hago yo aquí y ahora?
Te avisan: es intenso, hay otros tratamientos. Pero no. Estaba en Siem Reap y quizá no vuelva nunca.
En la India, masaje indio; en Tailandia, masaje thai; en Camboya, pues venga, masaje jemer.
Me tocó una mujer menuda que no llegaría a los 45 kilos. Pensé que aquello iba a ser un paseo.
Todavía recuerdo los gritos. Ella no entendía ni castellano ni inglés, pero creo que leyó en mi cara desencajada que estaba amasando, literalmente, a un cincuentón de 80 kilos.
¿Lo repetiría? No. ¿Salí renovado? Tampoco.
Al día siguiente, eso sí, me sentí bien. Pero el precio del dolor en el momento es muy alto. Si viviera en Siem Reap, ¿me lo haría cada semana? Ni de broma.
Y quizá ahí está la clave. Pasa como con quien vive junto al mar y, a finales de agosto, se da cuenta de que este año no ha pisado la playa.
Lo que tenemos siempre al alcance se aplaza. Lo que solo ocurre una vez se hace, aunque duela.
Vuelve a mirar la foto. Esas toallas tan bien enrolladas ya no parecen tan inocentes. ¿Has vivido alguna aventura parecida con un masaje en Asia?

Vista de la piscina del Angkor Village Hotel … ¿de verdad está en el mismo centro de Siem Reap?
