La piscina de Jetwing Lake, junto a Dambulla

“Me da vergüenza, pero uno de mis mejores recuerdos de Sri Lanka… es un hotel.”

La fotografía muestra un imponente piscina bañada de sol.

Pero mi recuerdo del hotel Jetwing Lake empieza de otra manera: con lluvia, oscuridad y un olor a jazmín flotando en la recepción.

El día había empezado muy bien. Hicimos un safari en Minneriya y vimos decenas de elefantes salvajes de muy cerca.

Luego el cielo se cerró. Llegamos al hotel justo cuando empezó a caer un diluvio.

La recepción del hotel es monumental y abierta a los cuatro vientos, sin ventanas ni puertas. Un atrevimiento arquitectónico que aprovecha el clima tropical todo a lo largo del año.

El ambiente era muy oscuro.

Luces colocadas con mucha inteligencia creaban un ambiente misterioso, acompañado por ruido de la lluvia, el canto de la fauna local celebrando el agua y un aroma a jazmín que de mis narices entraba en picado en mi corazón.

Durante las 10 minutos que duro el check-in este lugar me había conquistado.

La belleza de no verlo todo

A veces la belleza no consiste en verlo todo perfectamente. Consiste en adivinar.

En dejar que una luz tenue, una tormenta o un olor hagan parte del trabajo.

El hotel Jetwing Lake está cerca de Dambulla, en pleno Triángulo Cultural de Sri Lanka.

Al día siguiente salió el sol y el contraste fue enorme: apareció una piscina de 71 metros, el lago al fondo y el paisaje que la noche anterior solo se intuía.

El hotel sigue jugando con esa mezcla de arquitectura abierta, sombra y vistas largas. De día parece amplio y luminoso. De noche, más íntimo. Son dos lugares distintos en el mismo lugar.

El recuerdo menos esperado

Me da un poco de vergüenza reconocerlo.

Sri Lanka es un viaje lleno de fauna, cultura, comida picante, templos, plantaciones y momentos muy intensos. Funciona en pareja, en familia o con amigos. Tiene muchisimas cosas para recordar.

Tengo estos recuerdos, pero, uno de mis recuerdos más nítidos es aquella llegada bajo la lluvia al Jetwing Lake. No es que el hotel compita con los elefantes de Minneriya. Es que, a veces, un viaje se queda dentro por una atmósfera, no por una lista de visitas.

En total transparencia, o quizá en aquella agradable oscuridad, fue uno de los mejores recuerdos que me traje de Sri Lanka.