Estancia colorida en el Hotel VARU by Atmosphere en Maldivas

“Ir a Maldivas no es un viaje. Ahí está su gracia.”

Desde el aire, VARU by Atmosphere parece una isla organizada para no tener que pensar demasiado.

Villas sobre el agua, curvas de arena blanca, una laguna turquesa y un arrecife que empieza casi donde termina la playa.

No hay calles, semáforos, colegios, farmacia, ayuntamiento, mezquita, iglesia.

No hay ni vecinos.

La isla es el hotel.

En Maldivas, los resorts funcionan así: una isla, un hotel.

Está en el atolón de Malé Norte, a unos cuarenta minutos en lancha rápida del aeropuerto.

Llegas, dejas la maleta y entiendes enseguida la propuesta: todo ocurre aquí. Comer, nadar, hacer snorkel, reservar una excursión o no levantarte de la tumbona en todo el día.

No es la experiencia adecuada para quien busca mercados, pueblos, improvisación o cambiar de isla cada mañana.

No es un viaje, y ahí está la gracia

Si te gusta bucear o hacer snorkel, el Maldivas puede darte días difíciles de superar.

Si te gusta contemplar, tampoco hace falta mucho más.

El lujo no es solo la villa o el agua clara. Es no tener obligaciones, noticias urgentes ni una lista de monumentos que tacharse antes de cenar.

La última vez nos alojamos en VARU, una mañana salí a correr. Di diez vueltas a la isla por un total de 10 kilómetros. Después, directo al agua. Ese fue, más o menos, el programa del día.

El hotel funciona con un regimen todo incluido. Es una fórmula peligrosa para los que no solemos beber habitualmente.

Cuando todo está incluido, ¿porque pedir una cerveza si hay alguien preparando cócteles espectaculares? ¡Peligro!

La playa gana al muelle

Hubo snorkel con tiburones y otra salida a un arrecife con tantos peces que aún no sé si fue realidad o el efecto de los cóctel.

Recomendaría Maldivas para una luna de miel o como final de un viaje intenso por el Sudeste Asiático, India, Sri Lanka o Egipto.

Pero el resto fue una estancia contemplativa, de esas en las que hacer poco no se siente como perder el tiempo. A veces, el mejor plan es no tener ninguno.