
¿Y si lo que más te emociona de un viaje no sale en ningún catálogo?
Mira la foto desde abajo. Esos tallos que suben hasta perderse en la luz no son árboles: son bambú gigante de Birmania, una hierba que alcanza entre 30 y 40 metros de altura con tallos de 20 a 25 centímetros de diámetro.
Sus brotes nuevos pueden crecer unos 30 centímetros en un solo día.

Están en el Jardín Botánico Real de Peradeniya, a unos 5,5 kilómetros de Kandy, en el corazón de Sri Lanka.
El río Mahaweli rodea el jardín por tres de sus lados, y el bambú crece junto a su orilla.
Son unas 60 hectáreas con más de 4.000 especies, tres avenidas de palmeras y una casa de orquídeas con más de 400 variedades.
Un jardín nacido en 1821, cuando la isla era colonia británica.
La presión de emocionarse con lo correcto
Cuando vuelves de un viaje, hay un guion.
El sushi de Japón fue increíble, el amanecer en el Taj Mahal, descomunal, y la noche en el desierto de Marruecos, con todas las estrellas del mundo encima.
Si no te emocionaste con lo que tocaba, algo hiciste mal.
A mí me pasa otra cosa, y a veces me siento un poco tonto.
Me traigo a casa recuerdos insignificantes, que nada tienen que ver con los estereotipos del destino.
Como este bambú. Un bambú es un bambú, ya lo sé. Pero lo abracé como se abraza a un amigo, sentí su fuerza, noté que estaba vivo y que era bastante más cachas que yo. Y me emocioné.
Por eso creo que un jardín botánico puede ser un gran éxito o un gran fracaso. No depende tanto del jardín como de tu sensibilidad para observar y maravillarte.
¿Cómo te recomiendo algo sin mentirte?
Aquí viene mi dilema de agente de viajes.
¿Le digo a todo el mundo que vaya al jardín de Kandy porque es «una experiencia única»?
Igual a la vuelta alguno me pone una demanda por recomendación descafeinada. Para gustos, los colores.
Y al revés: ¿cómo le dices a un cliente que un lugar famoso te pareció sobrevalorado?
Yo me aplico cuatro reglas.
- La primera: una visita es un primer encuentro, y la pregunta es si los dos estábamos preparados, también emocionalmente.
- La segunda: ir sin prejuicios, aceptar el lugar tal y como está ese día y no compararlo con nada.
- La tercera: mi forma de ver las cosas es mía, y cada uno tiene la suya.
- La cuarta: una opinión necesita contexto, no radicalismo.
Entonces, ¿vas o no vas a Peradeniya?
Con esas reglas, este es mi veredicto.
Si llegas en un día de descanso, con ganas de andar y con buen tiempo, Peradeniya puede convertirse en uno de tus recuerdos de Sri Lanka: los bambús gigantes, arboles gigantes, las avenidas de palmeras, las orquídeas.
Una flora exuberante, pero civilizada.
Un consejo: los monos te acompañan durante todo el paseo.
No les des de comer, o en un minuto estarás rodeado por toda la tropa.
Lo sé porque es exactamente el error que cometí yo. Anda que no aprendo.
¿Y tú? ¿Qué recuerdo «insignificante» te trajiste de un viaje?
