
Ni zoo ni documental.»
La escena tiene algo que nos gusta especialmente. Una manada de elefantes atraviesa tranquilamente una pradera del Parque Nacional de Minneriya, en Sri Lanka.
No hay nadie montado sobre ellos, nadie les da de comer, nadie los hace posar. Están haciendo algo bastante poco turístico: vivir.
Minneriya es uno de los mejores lugares de Sri Lanka para ver elefantes asiáticos en libertad.
Entre julio y octubre, con la estación seca, el embalse baja y deja sitio a verdes praderas. Los elefantes llegan de toda la zona y se reúnen en grupos enormes.
Yo estuve en octubre y fue increíble: decenas de elefantes a lo lejos y, de repente, algunos a muy pocos metros del vehículo.
En silencio, solo se oían sus pasos pisando los matorrales. Y el ruido de sus mandíbulas masticando indecentes cantidades de hierba fresca, arrancada a la inmensa llanura del embalse.
Aquí, una manada que pasaba cerca de donde habíamos parado con el guía.

Algo que los guías conocen muy bien: hacia el final de la temporada, en septiembre y octubre, las manadas suelen moverse al Parque Nacional de Kaudulla, justo al lado. Por eso el safari se decide sobre el terreno, según dónde han visto los guías a los elefantes esa semana.
El animal no tiene que hacer nada para nosotros
En Soiono hemos quitado de nuestros viajes las actividades que convierten al animal en un objeto sin más motivo que entretener al visitante.
No porque queramos convertirnos en una agencia defensora de los animales.
Sencillamente porque preferimos verlo caminando, comiendo, bañándose o simplemente estando allí. Exactamente como lo haría si nosotros no existiéramos.
La libertad tiene una pequeña desventaja
Un zoo ofrece otra cosa. Un documental permite observar un animal con todo detalle.
La naturaleza no garantiza nada.
Y, sin embargo, hay una diferencia enorme entre ver un elefante porque está allí y verlo porque alguien ha preparado una situación para que nosotros podamos verlo.
En Minneriya puedes encontrarte con un animal de más de 3 toneladas a unos diez metros. Sobre el papel son diez metros. Cuando el elefante levanta la cabeza y te mira, la distancia parece bastante menor.
Aquí la foto de un elefante que pasó a escasos metros de nuestro coche. Parece todo muy tranquilo pero el momento era emocionante.

El papel del turismo
Por eso nos interesan especialmente los parques donde los animales pueden vivir en su propio hábitat y las visitas están reguladas.
El turismo puede ayudar a dar valor a la conservación de esos espacios frente a otros usos del territorio.
Y eso cambia bastante la relación.
No vamos a buscar un elefante para que nos dé una buena fotografía. Vamos a un lugar donde los elefantes ya estaban antes que nosotros.
Y nuestra visita hace que se tenga que proteger un ecosistema entero para que cuando el vehículo se marche, los elefantes puedan seguir allí haciendo exactamente lo mismo.
Sin dueño. Sin espectáculo. Solo elefantes en su pradera.
